Iglesia Bautista Misionera en Arenal

Los dones de sanidades y milagros

21 Sep 10 - 12:52

 

¿EXISTEN AÚN LOS DONES DE SANIDAD Y DE MILAGROS?

 

(DONES ESPIRITUALES)

 

 

Es muy probable que muchos cristianos en la actualidad se hagan la misma pregunta que sirve de título a este apéndice; sobre todo, si tiene algún tipo de compañerismo con creyentes carismáticos, o si en su ciudad o estado existen “eventos multitudinarios de sanidad” a los que acuden un buen número de personas con un solo anhelo: obtener la salud de su cuerpo; lamentablemente, un buen número de ellas vuelve a casa porque “no alcanzó el tiempo” del predicador o porque según les dicen “no tuvo suficiente fe” para alcanzar la salud; o peor aún, les hacen creer que “ya están sanos” y por ello abandonan sus tratamientos médicos, con la natural consecuencia negativa en su cuerpo.

 

 

Debido a lo anterior, surgen las siguientes preguntas ¿Está Dios restaurando estos dones maravillosos? ¿Qué acerca de las sanidades tales y tales? De todas partes viene la confusión, las preguntas y las contradicciones.

Cierto es que la Biblia nos enseña que los dones espirituales fueron un apoyo importante para el crecimiento de la iglesia apostólica; sin embargo, la mayoría de esos dones sólo fueron temporales, eran capacidades específicas dadas a ciertos creyentes con el propósito de validar o confirmar la Palabra de Dios cuando era proclamada antes que las Escrituras fueran concluídas. Estos dones tenían un propósito singular: dar a los apóstoles credenciales, es decir, dejar saber a la gente que todos esos hombres hablaban la verdad de Dios. Una vez que la palabra de Dios fue puesta por escrito, dones particulares como el de profecía (revelaciones de Dios), milagros, sanidades, lenguas e interpretación de lenguas, ya no fueron necesarios y cesaron (1 Corintios 13:8-10).

I. LOS DONES DE SANIDADES

Recordemos que desde la caída del hombre en el jardín del Edén, la enfermedad ha sido una terrible realidad. Por milenios la búsqueda de curas para aliviar enfermedades y sufrimiento ha ocupado a la humanidad. La enfermedad y la muerte han afligido y finalmente conquistado a toda persona desde Adán. Solamente Enoc y Elías han escapado de la muerte (Génesis 5:24; 2 Reyes 2:11). Solamente Jesús la ha conquistado y ha resucitado en gloria.

Cada persona de los miles de millones que han nacido, finalmente han perecido, ya sea por enfermedad, por lesiones o por alguna clase de dolencia. Nadie, ni siquiera los que alegan tener dones de sanidad, está exento.

¡Por supuesto que sería hermoso y gratificante tener el don de sanidad! Y aliviar de toda enfermedad a las personas que están a nuestro alcance y fuera de el, pero lamentablemente esto no es posible. Sin embargo, andan por allí muchos “sanadores”, que lejos de curar a las multitudes como Jesús, sólo se limitan a ejercitar su “don” en un ambiente controlado, escenificado a su manera, manejado de acuerdo con su plan.

 

 

¿Por qué todos aquellos carismáticos que argumentan poseer el don de sanidad no acuden a las salas de los hospitales? ¿Por qué no hay más sanadores usando sus dones con los enfermos de cáncer, SIDA, y toda clase de enfermedad terminal? La razón es sencilla, porque los que pretenden tener el don de sanidad NO lo tienen realmente. El don de sanidad era una señal temporal para validar las Escrituras como la Palabra de Dios. Una vez que esa autenticidad fue establecida, el don de sanidad cesó.

La escritura nos enseña que aunque Dios está interesado por nuestros cuerpos, está infinitamente más interesado por nuestras almas (Mateo 10:28). Debemos comprender que aunque los cristianos pudieran sanar a cualquiera a su voluntad así como Jesús lo hizo, las masas ni así todavía creerían el evangelio. Después de todas las maravillosas sanidades de Jesús, ¿qué hizo la gente? Lo crucificaron. A los apóstoles no les fue mejor. Ellos hicieron milagro tras milagro de sanidad. ¿Y qué pasó? Fueron encancerlados, perseguidos y hasta asesinados. La salvación no viene por experimentar o contemplar sanidad física. La salvación viene por escuchar y creer el evangelio (Romanos 10:17).

El don de sanidad, sin embargo, han pretendido tenerlo, a través de los siglos, no sólo cristianos, sino también paganos (sanadores síquicos, ocultistas, brujos y shamanes). Satanás siempre ha retenido a la gente en su dominio por medio de sanidades falsas.

Aunque los métodos y actividades de los que pretenden que tienen el don de sanidad no son coherentes con la Escritura, no puede negarse que suceden cosas en sus servicios. ¿hay alguna explicación para esas cosas?

Uno podría pensar que existe una tremenda cantidad de evidencia para apoyar los reclamos que hacen los sanadores. No es así. La mayor parte de la “evidencia” que los sanadores citan como su prueba, no puede ser probada. Es una conjetura o una opinión subjetiva. Aquellos que dicen haber sido sanados, después se encuentran con que la “cura” ha sido puramente sintomática y pasajera. La enfermedad real continúa.

Cuando los sanadores por fe prueban a tratar enfermedades orgánicas serias (infecciones, ataques al corazón, piedras en la vesícula biliar, discos fuera de lugar, cáncer de todas clases, huesos rotos y deformidades congénitas entre otras), a menudo son responsables de angustia e infelicidad indecibles. Algunas veces mantienen al paciente alejado de ayuda eficaz y que posiblemente le pueda salvar la vida. Sin embargo, millares de personas inteligentes continúan yendo a sus servicios. ¿Por qué? Porque la desesperación a menudo acompaña a la enfermedad. La enfermedad mueve a la gente a hacer cosas frenéticas y extremas que normalmente no haría. Gente que ordinariamente es de mente clara, inteligente y equilibrada se vuelve irracional. Satanás sabe eso, esa la razón por la que dijo: “¿Piel por piel! Todo lo que el hombre tiene lo dará por su vida” (Job 2:4).

Hay mucha confusión, culpa y pesar entre carismáticos y no carismáticos por lo que les han dicho acerca de la sanidad. La agonía de la enfermedad y de la dolencia solamente se intensifica cuando la gente piensa que no es sanada por causa de su pecado, por falta de fe o por la indiferencia de Dios hacia ellos. Razonan que si hay sanidad disponible y ellos no la reciben, es por falta de ellos o de Dios. De esta manera los sanadores por fe han dejado indecible daño tras de ellos.

Sin ninguna duda, podemos decir que las sanidades genuinas pueden venir como resultado de la oración y que en la mayor parte incluyen sencillos procesos naturales y que otras veces, Dios apresura los mecanismos de recuperación y restaura a una persona enferma a la salud en una manera que la medicina no puede explicar. En ocasiones, pasa por alto un pronóstico médico y permite que alguien se recupere de una enfermedad normalmente debilitante. Sanidades como esa vienen en respuesta a la oración y a la soberana voluntad de Dios y pueden suceder cada vez.

No obstante lo anterior, el don de sanidad, la capacidad para sanar a otros, unciones especiales para ministerios de sanidad, sanidades que pueden ser “reclamadas” y otras técnicas típicas de la sanidad por fe, no tienen sanción bíblica en la era post apostólica.

Para hacer una comparación entre el don de sanidad que se pretende hoy día y lo que la Biblia enseña, sencillamente tenemos que regresar y mirar el ministerio de Jesús. Nuestro Señor estableció el patrón para los dones apostólicos, e hizo muchas sanidades. En el tiempo de Jesús el mundo estaba lleno de enfermedad. La ciencia médica era primitiva y limitada. Había más enfermedades incurables que las que tenemos ahora. Las plagas podían barrer ciudades enteras.

Además, Jesús sanaba enfermedades para demostar su deidad. ¿Cómo lo hacía Jesús? La escritura revela seis características notables del ministerio de sanidad de Jesús:

1)    Primera: Jesús sanaba con una palabra o un toque, Mateo 8 enseña cómo Jesús sanó al siervo de un centurión, aún sin tenerlo al frente y con su sola palabra. En Juan 6 cuando Jesús alimentó a los cinco mil, él había pasado la mayor parte del día sanando gente de la multitud que estaba enferma. La Escritura no nos dice cuánta gente fue sanada, quizá fueron cientos. Pero cualquiera que haya sido el número, Jesús los sanó con una palabra. No hubo teatralerías ni un ambiente especial. En Marcos 5:25-34 encontramos el caso especial de una mujer con flujo crónico de sangre que fue sanada simplemente por tocar el manto de Jesús.

2)    Segunda: Jesús sanaba instantáneamente, el criado del centurión “fue sanado aquella hora” (Mateo 8:13). La mujer con el problema de hemorragia fue sanada “al instante” (Marcos 5:29). Jesús sanó en el acto a diez leprosos en el camino (Lucas 17:14). El tocó a otro hombre con lepra y “al instante desapareció de él” (Lucas 5:13). El paralítico en el estanque de Betesda “al instante...fue sanado, tomó su lecho y anduvo” (Juan 5:9). Hasta el hombre nacido ciego fue sanado tan pronto hizo lo que Jesús le mandó (Juan 9:1-12).

 

A menudo, la gente dice: “He sido sanado, y ahora estoy mejorando” Jesús nunca sanaba “progresivamente”. Si Jesús no hubiera sanado instantáneamente, no hubiera habido base para probrar su deidad.

 

3)    Tercera: Jesús sanaba totalmente, En Lucas 4, Jesús dejó la sinagoga y vino a la casa de Simón Pedro. La suegra de Pedro estaba allí, sufriendo de una alta fiebre. Jesús se inclinó sobre ella, “reprendió a la fiebre”, e inmediatamente ella se puso bien (v.39). De hecho, ella se levantó enseguida y empezó a servirles. No hubo un período de recuperación. Su sanidad fue instantánea y total. Esa fue la única clase de sanidad que Jesús hizo en este y en todos los casos.

 

4)    Cuarta: Jesús sanó a todos, a diferencia de los sanadores de hoy, Jesús no dejó largas líneas de gente desilusionada que tuvo que regresar a su hogar en sillas de ruedas. Él no tuvo servicios especiales o días de sanidad que terminaban a cierta hora, se ocupó de todos aquellos que vinieron o fueron traidos a su presencia (Lucas 4:40, 9:11).

 

5)    Quinta, Jesús sanaba enfermedades orgánicas, Jesús no recorría Palestina sanando dolores en la espalda, palpitaciones del corazón, dolores de cabeza y otras dolencias. Él sanaba las clases más obvias de enfermedad orgánica: piernas tullidas, manos secas, ceguera, parálisis, en todos los casos eran milagros innegables.

 

6)    Sexta, Jesús resucitaba los muertos, un ejemplo de ellos está en Lucas 7:11-16 con el hijo de la viuda de Naín, o el caso de la hija de un principal de la sinagoga (Marcos 5:22-24, 35-43) o el conocido caso de Lázaro (Juan 11:1-12:17).

 

II. ¿QUÉ ERA EL DON BÍBLICO DE MILAGROS?

 

Para empezar, diremos que: un milagro es un evento extraordinario obrado por Dios mediante un agente humano, un evento que no puede ser explicado por fuerzas naturales. Los milagros siempre tienen el propósito de refrendar el instrumento humano que Dios ha escogido para declarar una revelación específica a los que atestiguan el milagro.

 

Los milagros en la Escritura son también llamados “señales y prodigios” (Éxodo 7:3; Deuteronomio 6:22, 34:11; Nehemías 9:10; Salmos 135:9; Jeremías 32:21; Daniel 6:27; Juan 4:48; Hechos 2:43, Romanos 15:19; 2 Corintios 12:12; Hebreos 2:4). Incluyen fuerzas sobrenaturales, sobrehumanas, asociadas específicamente con los mensajeros de Dios y no son meramente sucesos extraños, coincidencias, eventos sensacionales, o anomalías naturales.

 

Los milagros y las sanidades eran dones extraordinarios de señales, dados para confirmar la revelación de Dios. Los milagros podían incluir sanidad, y las curaciones hechas por hombres con el don de sanidad eran todas milagrosas, de modo que, en un sentido, los dones coincidían. El gran obrador de milagros era el Señor Jesucristo mismo. Básicamente Jesús hizo tres clases de milagros: Sanidades (Incluyendo resucitar muertos); echar fuera demonios (Que a menudo resultaba en sanidad); y milagros en la naturaleza (Como multiplicar los panes y los peces, calmar la mar y caminar sobre el agua). Todos esos milagros eran señales que apuntaban a la realidad del reclamo de Jesús de ser Dios (Juan 2:11; 5:36, 20:30-31, Hechos 2:22).

 

Una vez que la obra de Cristo fue terminada, los apóstoles tuvieron la tarea de proclamar y registrar su mensaje en la Escritura. Para validar su trabajo, Dios les dio la capacidad de hacer milagros de sanidad y de echar fuera demonios. Nada indica en el Nuevo Testamento que alguien que no fuera Jesús hiciera milagros en la naturaleza. Los apóstoles nunca crearon comida, ni calmaron la mar, ni caminaron sobre las aguas por sí mismos (Cuando Pedro caminó sobre el agua, Jesús estaba presente y lo ayudó. Nada sugiere que él haya repetido alguna vez la experiencia).

 

Lamentablemente, la sociedad hoy en día está obsesionada con lo sobrenatural, al punto de que la gente está deseosa de interpretar casi cualquier fenómeno raro como una maravilla sobrenatural, mas y más escuchamos de eventos extravagantes e inusitados que popularmente son mal interpretados como milagros: tales como “las apariciones” de Cristo o la Virgen María en tal o cual cosa, a la que inmediatamente las multitudes se vuelvan a adorar.

 

El hambre que la gente tiene de fenómenos misteriosos y asombrosos está a un nivel no superado en la historia de la iglesia. Ansiosas de contemplar milagros, muchas personas parecen dispuestas a creer que casi cualquier cosa inusitada es un prodigio genuino y celestial. Eso presenta un tremendo peligro para la iglesia, porque la Escritura nos dice que los milagros falsos, extremadamente creíbles, serán una herramienta principal de Satanás en los últimos tiempos. Como Jesús dijo: “Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y darán grandes señales y maravillas de tal manera que engañarán, de ser posible, aun a los escogidos.” Luego añadió, como si supiera que muchos ignorarían la advertencia: “¡Mirad! Os lo he dicho de antemano” (Mateo 24:24-25). Seguramente a la luz de esas palabras de nuestro Señor, se asegura algún escepticismo sano por parte de los cristianos.

 

Antes de continuar, quizás es necesario establecer que sí es posible que en la actualidad Dios obre milagros y prodigios, porque su poder no ha disminuido ni su mano se a acortado; sin embargo, como creyentes bautistas, no creemos que Dios aún usa a hombres y mujeres como agentes humanos para obrar milagros en la misma manera que usó a los hombres de la Biblia y que los milagros, las señales y prodigios reclamados hoy día en el movimiento carismático no tienen nada en común con los milagros apostólicos. Y estamos convencidos por la Biblia, de que nada como el don de milagros del Nuevo Testamento está en operación en nuestra época. El Espíritu Santo no ha dado a ningún cristiano de tiempos modernos dones milagrosos comparables a los que dio a los apóstoles.

 

Cuando el Antiguo y el Nuevo Testamento se completaron, la revelación de Dios se terminó. Mediante muchas señales, prodigios y milagros Dios validó este libro.

 

¿Hay necesidad posterior de milagros para probar la revelación de Dios? ¿Puede alguien con fe “reclamar” un milagro, como algunos enseñan? ¿Hace Dios milagros a la orden? Y, ¿los fenómenos aclamados hoy como señales, prodigios y sanidades, tienen algún parecido con los milagros obrados por Cristo y los apóstoles? La respuesta a todas estas preguntas es NO.

 

Nada en la Escritura indica que los milagros de la era apostólica tuvieran el propósito de ser continuados en eras subsiguientes. La Biblia tampoco exhorta a los creyentes a buscar ninguna manifestación milagrosa del Espíritu Santo. En todas las epístolas del Nuevo Testamento, hay solamente cinco mandamientos relacionados relacionados con los creyentes y el Espíritu Santo:

 

1)    Andemos en el Espíritu” (Gálatas 5:25)

2)    No estristescáis al Espíritu Santo de Dios” (Efesios 4:30)

3)    Más bien, sed llenos del Espíritu” (Efesios 5:18)

4)    No apaguéis el Espíritu” (1 Tesalonicenses 5:19)

5)    Orando en el Espíritu Santo” (Judas 20)

No hay mandamiento en el Nuevo Testamento de buscar milagros. Pero los carismáticos creen que los dones de milagros espectaculares fueron dados para la edificación de los creyentes. ¿Apoya la Palabra de Dios tal conclusión? No. De hecho, la verdad es lo contrario. Las lenguas, las sanidades y los milagros sirvieron como señales para validar una era de nueva revelación. Cuando la era de la revelación llegó a su final, las señales también cesaron.

Los crédulos de los reclamos de los milagros modernos especialmente los que son más celosos defensores de las señales y prodigios contemporáneos, a menudo parecen renuentes a tratar con la posibilidad, de que esas maravillas puedan ser realmente validación de una variedad diabólica de “revelación”. Ciertamente, los cristianos que buscan señales milagrosas se están exponiendo al engaño satánico.

 

CONCLUSIÓN

Dios es obrador de milagros y nuestro poderoso sanador, el hombre no; por la oración de los creyentes, aún en la actualidad el Señor puede obrar milagrosamente; pero esto no significa que un creyente en particular tenga el don de milagros, ni mucho menos de sanidad.

 

 

1)          MacArthur, John F. Los Carismáticos, una perspectiva doctrinal. Título del original: Charismatic Chaos. Traductor: Casa Bautista de Publicaciones. Editorial Casa Bautista de Publicaciones. 2da. ed. El Paso TX, 1995. 320 págs.

2)          Matlick, Jack. Entendiendo el Movimiento Carismático, un análisis crítico a la luz de la Biblia. Ediciones las Américas, A.C. 1ra. ed. México, 1992. 115 págs.

3)          Ministerio Palabra de Vida. Confusión Carismática. México [s.f.]. 25 págs.

 

 

 

 

  

 

 

 


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